O jugamos todos...
La FIFA, una organización privada que arrastra un historial de casos de corrupción que ni PP y PSOE juntos, acostumbra a ser recibida con alfombra roja por gobiernos de todo pelaje. Con el caramelo de ser sede de un Mundial, engatusa a políticos de todos los colores que, digo yo, no leen la letra pequeña de los contratos. Porque sabido es que el fútbol juega con otras reglas. Y sabido es que la FIFA suele exigir que el gobierno de turno se comprometa a eximir de pagar impuestos, total o parcialmente, a la organización (la propia FIFA), a sus asociados (léase las federaciones) y a sus patrocinadores. Dile a tú a la dueña de la mercería de la esquina que presente hasta la última factura con el TicketBai, pero que la FIFA tiene barra libre. Porque la FIFA practica el mínimo riesgo con el máximo beneficio. Súmale que tampoco paga un duro de los ingentes gastos en seguridad o mejora del transporte público, súmale también que te pide unas restricciones en la ciudad que ni en la visita del G-7, y te queda un negocio redondo. Tú abonas la cuenta y ellos te prometen un retorno económico que vete a saber. Juegan en su campo. Ahora que está tan de moda hablar de transparencia, no estaría de más que las instituciones vascas explicaran con detalle cuáles son los requisitos que ha exigido la FIFA que han provocado que estén en suspenso las candidaturas de Donostia y Bilbao. O jugamos todos, o pinchamos el balón.

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