No dar un palo al agua



Leyla Kazim publicó a finales de febrero un ensayo en la plataforma Substack con un título que te deja perplejo: No trabajé durante un año y nadie se dio cuenta. Kazim, licenciada en Astrofísica y trabajadora en una empresa tecnológica con sede en la City de Londres, se tiró meses y meses en la oficina sin dar un palo al agua y no se coscó ni el apuntador. Asegura en la publicación que, a lo largo de una semana, como mucho trabajaba 15 minutos, el tiempo que invertía en explicar a sus jefes que iba piano, piano con sus proyectos. Al margen de ese cuarto de hora de oro puro, el resto del tiempo lo dedicaba a preparar viajes personales en una hoja de excel. Su método (hay que creerle) resultó infalible y suponemos que diseñó viajes como para dar varias vueltas al mundo. De tiempo no anduvo escasa. Kazim pensó que al cabo de dos semanas le despedirían por trabajar menos que el sastre de Tarzán, pero la cosa (ella lo llama experimento) se fue alargando y, no se sabe si por vergüenza torera o porque estaba más aburrida que una ostra, a los doce meses se fue de la empresa por voluntad propia. Todo este vodevil sucedió hace diez años. Ahora, una vez que se ha hecho pública su historia, es periodista gastronómica y de viaje (cómo no) de la BBC, ha sido juez del Masterchef británico y tiene un blog con 10.000 lectores. No le da la vida a la pobre Leyla que, imagino, echa de menos aquellos días sentada frente al ordenador holgazaneando en playas paradisíacas. 

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