Háblame en cristiano



Háblame en cristiano, además de una canción de Alaitz eta Maider, es la despectiva expresión que utilizaban, y supongo que siguen utilizando, las personas monolingües que no hablan otra lengua que no sea la suya, y consideran que dirigirse a ellos en un idioma que no dominan es poco menos que una agresión. Por estas tierras se usaba, y supongo que se sigue usando, cuando alguien hablaba en euskera a un castellanoparlante alérgico a la lengua de Mitxelena. En el caso del prefecto de los Pirineos Atlánticos, el representante del Gobierno francés en este departamento, habría que adaptar la expresión a “Háblame en francés”. Le faltó tiempo a Simon Fétet para recurrir el acuerdo unánime de los ayuntamientos de Baiona y Sara de reconocer el euskera (y el occitano, en el caso de la capital labortana) como lenguas propias. El tribunal administrativo de Pau ha suspendido cautelarmente los acuerdos porque el artículo 2 de la sacrosanta Constitución proclama que la lengua de la República es el francés. Un jarro de agua fría en un territorio como Iparralde, donde la supervivencia del euskera es más frágil. La cortedad de miras del jacobinismo francés con las lenguas minoritarias no es nueva. Manda París. Lengua no hay más que una, el francés, pero analfabetos en las altas instancias, más de uno. 

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