Cochinillo o chóped



Contaban el lunes 14 las crónicas periodísticas desde el país de la cañas y la libertad, que lo mejor del Gran Premio de Madring fueron los platos de cochinillo. La carrera, como tantas otras en eso que llaman Gran Circo, fue un tostonazo, un soberano aburrimiento. En la Fórmula 1 y en otros deportes de masas prima, por encima de todo, hacer caja. En el caso de la Fórmula 1, no es nuevo. Las entradas ya eran sobrecarísimas (como solía decir mi padre) hace muchos años. Su modelo de negocio se ha expandido a otros deportes, lo que ha provocado que el espectador de toda la vida que pagaba una entrada a un precio que no fuera prohibitivo ha pasado a un quinto plano. Ahora, según la pasta que manejes, eres espectador VIP, gold, premium o populacho. Y lo importante no es ver el espectáculo sino que te vean en el espectáculo con tus pulseritas, la gorrita, el canapé, y la sonrisita y la pose para el Insta en el hospitality. Ídem de ídem sucede en los grandes conciertos de artistas internacionales. Tanto dinero tienes, tanta mejor ubicación tendrás en el estadio. O te zampas platos de jamón de pata negra o comes bocadillos de chóped, siempre, eso sí, que te dejen entrar con comida. Y el agua, de la fuente, con cola incluida. Pero hacer cola, al menos en Madrid, está considerado deporte nacional. 

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