Correr con cuatro cositas
Correr es un deporte tan simple que basta con cuatro cositas (cuatro básicos, que dicen en el mundo de la moda) para practicarlo: unas zapatillas, unos calcetines, un pantalón y una camiseta. Si me apuran, hasta se puede prescindir del pantalón y la camiseta. Hace años lo solía hacer Patxi Ros, que corría la Behobia en pelotas, con la merienda al aire. Su mayor inconveniente era dónde colocarse el dorsal.
Y si me apuran un poquito más, hasta se puede correr sin zapatillas. Uno ya ha visto de todo en esta carrera: desde un participante que corría descalzo vestido de Jesucristo hasta aquel tipo que nos impresionó porque corría hacia atrás, sin retrovisor… y sin caerse. Aparte de estas cuatro cositas, el resto podría decirse que es accesorio, incluso el reloj (luego me explico). ¿Una mochila de hidratación? Prescindible, salvo que no se quiera parar en los avituallamientos y hacer un feo a los cientos de voluntarios que trabajan durante toda la mañana. Hay avituallamientos de sobra, ocho, con líquido y sólido. Hasta gominolas de electrolitos te encuentras por el camino. ¿Auriculares? Aún más prescindibles. La música en la Behobia la ponen las miles de personas que con sus aplausos animan a los participantes y los grupos de animación (txarangas, bandas, txistularis, dj) repartidos por el trazado. ¿El móvil? También es prescindible, aunque viene bien para alimentar el ego. Hasta el reloj se puede dejar en casa. Sobre todo si no se quiere ser esclavo del cronómetro, del dichoso tiempo en el que acabas la Behobia, la pregunta que no puedes eludir una vez llegas a la meta del Boulevard.
Durante años (ahora uno ya tiene una edad) corrí sin reloj, con la única referencia de la hora que ponía en los paneles de publicidad (esos que incluyen la hora y la temperatura) que hay en las localidades que atraviesa la carrera.
¿Monedas? Ahora que casi todos los pantalones de correr tienen bolsillos, sí conviene llevar unas monedas. Pero no para un billete de transporte para llegar a la meta si media una retirada, porque esta circunstancia también está cubierta con taxis repartidos por el recorrido y el acceso gratuito a Euskotren y Renfe.
Entonces, ¿para qué llevar unas monedas? En la entrada a Errenteria, a la altura del kilómero 11, junto a la antigua gasolinera de Gabierrota estará desplegada una gran lona azul junto a la acera. Todas las monedas que se lanzan a esa lona se destinan a Salvamento Marítimo Humanitario, la ONG que a través del Aita Mari salva vidas en el Mediterráneo. Y eso sí que es imprescindible.

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