lunes, 9 de febrero de 2009

Benidorm

Sabíamos que hay mucho paisano que, llegada la jubilación, toma la carretera de Teruel y se pira al Mediterráneo para huir de esta humedad que nos mata. Sabíamos que unos cuantos residían ocasional o habitualmente en eso que los folletos publicitarios llaman "destino de sol y playa". Sabíamos que en Benidorm se pide Insalus, se pasea por la mañana dando grandes zancadas y se saluda como se saluda por aquí, con ese leve gesto de levantar la cabeza y decir "iepa!". Lo que no sabíamos era que fueran tantos los que se mudan unos meses a la Costa Blanca. 5.000 en Benidorm. O sea, el equivalente a toda la población de Lazkao. 5.000 paisanos residen en Alicante al abrigo del tinto de verano, la sangría, María Jesús y sus pajaritos, y la ración de británicos con las espaldas llenas de rojeces. 5.000 vascos desperdigados en esa cuna del urbanismo vertical que tan bien retrató Bigas Luna en Huevos de oro (memorable la escena en la que Javier Bardem intrepreta en karaoke Por el amor de una mujer, de Julio Iglesias, vestido con un gayumbo-paquetón, una bata de leopardo y una barretina). Algo tendrá Benidorm cuando el tío Inaxio no perdona sus quince días de rigor en octubre. Años y años viviendo al pie de Larun, rodeado de ovejas y vacas, hasta que un buen día descubrió que hay lugares en los que el reuma no duele y el sol calienta hasta debajo de la ducha. Porque, amigos, aunque sea tachado de hortera, tan respetable es veranear en Benidorm como hacerlo en Espot, en el Pallars Sobirà, La Almunia de Doña Godina o Bollullos Par del Condado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario