viernes, 30 de agosto de 2013

Auzolan


Ahora que tanto priman el individualismo y la ostentación, reconforta saber que ahí fuera hay ciudadanos que aportan su mano de obra por amor al arte. Gentes llevadas por el altruismo que dedican parte de su tiempo libre al beneficio público sin recibir otra recompensa que el reconocimiento de sus vecinos. Desconozco cómo se denomina esta labor en otras latitudes; aquí lo llamamos auzolan y sigue tan vigente como antaño. Desde tiempo inmemorial se han construido o reformado frontones, sociedades, iglesias y todos aquellos lugares comunes que compartimos unos y otros. Mañana se reestrena el puente San Miguel, que salva el río Bidasoa entre Bera y el barrio de Alkaiaga de Lesaka. Un variopinto grupo de vecinos de Bera (la mayoría de ellos ya jubilados) inició en abril de 2012 las tareas de remodelación de este emblemático enclave de Bortziriak. Electricistas, médicos, arquitectos, montadores de muebles, bancarias, camioneros y profesores, entre otros, unieron sus manos y su esfuerzo para adecentar el puente, escenario hace ahora 200 años de una cruenta batalla entre las tropas francesas e inglesas en los estertores de la Guerra de la Independencia. Durante 16 meses, cada lunes y jueves se han reunido para limpiar la maleza, reponer las piedras, cambiar el suelo o instalar una iluminación hasta ahora inexistente. Mañana y pasado recuerdan con un programa cargado de actos el Bicentenario de aquella batalla y, sobre todo, las penurias que sufrió la población de Bor-tziriak. No está de más agradecérselo.

jueves, 29 de agosto de 2013

La cámara de vídeo

hace trece años, hacia el mes de abril, llevé a reparar a un servicio técnico oficial una cámara de vídeo de una famosísima multinacional de la electrónica. Era un taller pequeñito en una calle rebuscada a la que tenía que desplazarme en coche. El dueño del local examinó el aparato y dijo la frase mágica: "Se le ha roto una pieza. Pediré una de reciclaje y te la cambiamos. La próxima semana la tendrás lista". Todavía estoy esperando, amigo. No recuerdo las veces que volví a ir al taller para preguntar por mi cámara, pero no serían menos de diez, a las que hay que sumar las incontables llamadas de teléfono que hice para preguntar por el estado de salud de mi máquina. La respuesta era siempre la misma: "El chaval la está mirando. Cuando llegue la pieza de reciclaje, la arreglamos. La próxima semana estará lista". Y así durante semanas y semanas. No exagero. Nunca supe más de ella. Me acuerdo de aquella cámara de vídeo cada vez que abro el cajón en el que le está esperando la funda en la que dormía. Al final no supe si la pieza de reciclaje nunca llegó al pequeño taller, si despidieron al chaval y no pudo meterle mano a la máquina (aunque por aquel entonces, hablamos de 2001, no había crisis) o si el aparato acabó en la estantería de los objetos que no tienen arreglo. El caso es que me quedé descompuesto y sin cámara. Hace un mes llevé a reparar un reloj de una conocidísima marca deportiva a la tienda en la que lo compré. No sé nada de él, pero digo yo que será que estamos en agosto, cuando todo se paraliza. Debe de ser cosa de la obsolescencia programada.

viernes, 23 de agosto de 2013

Admito desde ya las críticas de quienes consideran que al monte hay que ir a disfrutar, sin prisas, andando, y con el bocata y la bota de vino en la mochila. Así ha sido desde tiempo inmemorial y así, con matices, sigue siéndolo entre la legión de aficionados que cada fin de semana patean por las alturas. Sucede que el mundo del montañismo también ha evolucionado y en paralelo han surgido nuevas formas de ir al monte. Kilian Jornet, el Messi de esta especialidad, logró el miércoles una marca estratosférica: subir y bajar el Cervino, de 4.478 metros, desde la localidad italiana de Cervinia, en 2 horas, 52 minutos y 2 segundos (el anterior récord de Bruno Brunod, en 1995, era de 3:14). El Cervino (Matterhorn en alemán) es ese monte que todos hemos dibujado de niños, una mole de piedra con forma de pirámide que aquí comparamos con el Txindoki. Para calibrar la gesta de Jornet, basta reseñar que la ascensión más ¿cómoda? al Cervino supone un esfuerzo como mínimo de cinco horas y atravesar varios pasos exigentes, muchas veces en compañía de guías locales. Otro dato reseñable, que tomo prestado de un comentario de Jorge Nagore, ilustra la descomunal gesta: Jornet salvó un desnivel de 2.472 metros (Cervinia está a 2.400 metros de altitud) en los 112 minutos que empleó en ascender el Cervino, es decir, 1.286 metros por hora y 21 metros por minuto. Y un último dato definitivo: a solo unas horas de que se disputara la Supercopa entre el Atlético y el Barça, el Telenotícies de TV3 informó de la noticia antes que del partido. Con eso queda todo dicho.

viernes, 16 de agosto de 2013

'Cuerpos embarazosos'

Es lo que tiene estar ocioso y tumbarse en el sofá para ver la tele. Te pones a hacer zapping y descubres que, desde que las cadenas se multiplicaron como los panes y los peces cuando la TDT se hizo carne, hay una sobredosis de programas made in USA sobre asuntos que jamás hubieras imaginado. Confieso que no he visto ninguno entero, sino que he picoteado por aquí y por allá, matando la curiosidad. Hablo de espacios como Cuerpos embarazosos (da mucho repelús y aguantas como mucho un minuto), Megatraslados (un inverosímil programa en el que se hace una mudanza por tierra, mar y aire de un palacio de justicia, por ejemplo), su hermano menor Mudanzas imposibles (en el que se trasladan casas enteras de un sitio a otro en camiones), Cazadores de serpientes (sobran las explicaciones), 1.000 maneras de morir (que es lo que su propio nombre indica), Buscadores de fantasmas (aquí también sobran las explicaciones), El jefe (el dueño de una gran empresa se hace pasar por empleado durante varios días sin que lo sepan sus trabajadores), Embargos a lo bestia (un grupo de brutotes se dedica a recuperar bienes embargados), Los restaurantes más frikis del mundo (que se sepa, todavía no hay ninguno guipuzcoano) y una variada relación de espacios que tienen como protagonistas a camioneros que circulan con transportes más bien voluminosos por lugares a cada cual más inhóspito. Hay más (tampoco los he visto todos), y dicen quienes saben de esto que la mayoría no son sino docu realities, vamos, que hay mucho cartón-piedra. Lo que aún no he encontrado es un programa que me explique por qué veo este tipo de programas.

viernes, 9 de agosto de 2013

Rebajar (más) los sueldos

Un cachondo el tal Olli Rehn. Desde su poltrona de la Comisión Europea aconseja al Gobierno español que patronal y sindicatos lleguen a un acuerdo para bajar los salarios un 10% en los dos próximos años. El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la UE sabrá (y si no, se lo recordamos) que por estos pagos desde hace ya varios años no se negocia en los convenios qué porcentaje se suben los sueldos sino cuánto se rebajan. Al calor de la crisis, las empresas han dado mordiscos al poder adquisitivo de sus asalariados. Primero fueron unos bocaditos, más tarde fueron unas dentelladas y al final acabaron por suprimir las mal llamadas pagas extras, que no son sino una parte sustancial del sueldo acordado y firmado entre un patrón y un currela. Ahora nos vienen el FMI y la CE a recomendar una nueva bajada salarial para que las empresas puedan crear empleo y se incentive el consumo. Sí, he escrito bien. Creen que si se recortan los salarios se incentivará el consumo. Parece de cajón de madera pensar lo contrario, pero vete tú a rebatirle los argumentos al FMI, esa institución que tres años después de la bancarrota de Grecia asegura que subestimó los efectos negativos de las políticas de austeridad que recetó para el país heleno. El FMI, esa institución que no predijo que llegaba una crisis del carajo pero que sigue dando lecciones sin rubor sobre cómo salir de este agujero negro. Hay que tener mucha jeta y un sueldo base de 20.000 euros al mes (sin incluir los complementos) como el de Rehn para reclamar que se baje el sueldo la plebe que todavía tiene un privilegio que se llama puesto de trabajo.

domingo, 4 de agosto de 2013

Banquillo

Creo que ya he contado alguna vez en este txoko que, de chaval, chupé banquillo en un montón de campos de fútbol guipuzcoanos. Si no me falla la memoria, durante una larga temporada en Primera Regional, senté mis posaderas en 37 de las 38 jornadas. Casi siempre éramos los mismos cuatro en el banquillo. Erauste, que era el portero suplente, Iñaki, que con los años se hizo fijo en el lateral derecho, Pacheco, alias Blokhin, que era el que destacaba, y un servidor. 37 de 38, que se dice pronto. Como el equipo andaba como un tiro y tenía opciones de ascender, casi siempre jugaba el mismo once. El entrenador tuvo el detalle de alinearnos en el equipo titular en la última jornada con todo ya resuelto. Eran esos años en los que ya eres consciente de que nunca vas a cumplir tu sueño de jugar en la Real. El banquillo casi siempre es una sensación frustrante, salvo que seas Michel Loinaz, salgas media hora y metas dos txitxarros por la escuadra. Juegas diez minutos como un pollo sin cabeza, viéndolas venir. Haciendo un paralelismo, es parecido a cuando regresas al trabajo después de dos o tres semanas de vacaciones. Has estado ocioso a más no poder, cambiando de costumbres y, si eres de los que trabaja pegado a la pantalla de un ordenador, a la vuelta te encuentras 1.500 mensajes sin responder en la bandeja del correo y tareas que dejaste antes de disfrutar de las vacaciones. Andas, aquí también, como un pollo sin cabeza, tratando de ponerte al día. Que les sea leve a los que llegan de descansar en julio. Ya falta menos.