viernes, 31 de octubre de 2014

Mis cosas en Suiza

Por si acaso la UDEF comienza a husmear en mis cosas (“unas pocas cosas”, Rajoy dixit), confesaré aquí y ahora que he viajado a Suiza tres veces. La primera, en septiembre de 1990, para ver el partido Lausanne-Real, ida de los treintaidosavos de final de la Copa de la UEFA. Chapuisat y Hottiger nos dieron para el pelo en el estadio La Pontaise (3-2), pero en la vuelta Aldridge arregló el desaguisado con un txitxarro. La segunda vez, en la Semana Santa de 1992, recorrí buena parte del país en un autobús junto a una treintena de animosos guipuzcoanos. Lo pasamos estupendamente. Y la tercera, en mayo de 2001, lo hice en pareja, con parada y fonda de tres días en Zermatt, uno de los pueblos más bonitos de este mundo. Si te suben a un avión, te tiran con un paracaídas y caes en Suiza, creerás que estás en Abaltzisketa. Aparte de las cimas de 4.000 metros y los lagos, el paisaje de la Confederación Helvética y el del norte de Euskal Herria guardan más de un parecido. Más salvaje el suizo, pero tan verde como el que tenemos por estas tierras. Una vez has disfrutado de Suiza, llegas a una conclusión irrefutable: abundan los bancos, las joyerías y las chocolaterías. Ahora sabemos que también abundan las cuentas corrientes de políticos putrefactos, los mismos que decían que Hacienda somos todos.

viernes, 24 de octubre de 2014

Atharratze no está en Cádiz

alguna vez he comentado en este txoko que hay lectores que suponen que un periodista debe saber de todo. Suponen que sabemos de Derecho, de arte, de fútbol, de ciclismo, de baloncesto y balonmano, de la Bolsa, de las preferentes, de tribunales, de cómo se elige el Consejo General del Poder Judicial, de sentencias y de autos, de política, de música, de los distintos sistemas de recogida de residuos sólidos (antes conocidos como basura pura y dura), de cine, del caso Pujol, de moda, de programas de televisión, de las tarjetas negras, del Euribor, del conflicto kurdo y de por qué la Real no mete un gol de falta directa desde hace cuatro años. Se supone, digo. Se supone que, y para esto no hace falta ser periodista, todos sabemos de geografía. Hace unos días, delante de un mapa a doble página de Euskal Herria con todos sus municipios, pedí a una compañera que me enumerara cinco poblaciones de Zuberoa. Llegó hasta tres. Sin recurrir a Google, ¿cuántos municipios de Zuberoa sabría usted decir a botepronto? ¿Ah, que solo recuerda Maule? Pues eso. En nuestro mapamundi vasco no sabemos dónde está Atharratze, pero, si nos dan un mapa, situamos Chipiona sin pestañear. Por aquello de la curiosidad geográfica, pinchen en Youtube un vídeo que se titula Familia dantzan y disfruten del viaje.

domingo, 19 de octubre de 2014

De Oiartzun al Mediterráneo (y vuelta)

 El guipuzcoano Aitor Aburuza recorre las dos vertientes de los Pirineos de punta a punta en 48 días


Un rosario de montañeros afronta cada año, sobre todo en verano, el reto de atravesar la cadena de los Pirineos. Opciones hay tantas como planes y el número de días de vacaciones. Hay quien se decanta por recorrer un tramo parcial en una semana o quince días, quien (los menos) completa la ruta de punta a punta, ya sea del Cantábrico al Mediterráneo o viceversa, y luego está Aitor Aburuza. El montañero de Oiartzun realizó entre finales de julio y primeros de septiembre una travesía poco usual: recorrer los Pirineos desde Oiartzun a Banyuls sur mer, en aguas del Mediterráneo, y vuelta. La ida por el sendero del GR 10 francés y el regreso por el GR 11 español. En total, 58 días de caminata para totalizar unos 1.600 kilómetros.
Aburuza, de 42 años, partió de su casa de Oiartzun el 23 de julio, todavía con la resaca a cuestas de una noche de fiesta en las madalenas de Errenteria. Como el cuerpo no estaba aquel día para grandes trotes, caminó hasta Lesaka para al día siguiente pasar la muga y enlazar con la GR 10 en Sara. Descartó salir desde el faro de Higuer, en Hondarribia, como manda la tradición, porque ese primer tramo de la senda pirenaica lo ha completado ya varias veces y, además, transcurre durante un gran trecho por asfalto.
mal tiempo en la primera parte Una vez situado en la GR 10, fue consumiendo etapas por la vertiente francesa de los Pirineos, muchos días con mal tiempo, luego ya con mejores condiciones climatológicas y siempre con largas jornadas gastando las botas de monte. Seguir la senda es relativamente sencillo: solo hay que guiarse por las marcas rojas y blancas y las indicaciones de los carteles. Aburuza llevó mapas detallados de cada tramo pero no usó ni GPS ni brújula. “La brújula se me olvidó en casa y el GPS no me gusta. Me guío por el ahívaese. Ahí va ese y le sigo”, dice entre carcajadas.
Durante el mes y medio largo que duró su reto, este trabajador de CAF en la planta que la compañía tiene en Irun siguió una rutina espartana. Madrugaba (casi siempre empezaba la ruta a las seis y media de la mañana), caminaba como mínimo ocho horas y al atardecer hacía parada y fonda siempre a cubierto: si no cenaba, dormía y desayunaba en un refugio, lo hacía en una casa rural. No durmió ni un solo día a la intemperie. Era una obligación que se impuso para llevar a buen puerto una ruta con la que disfrutó como pocas veces. Como obligado era también ponerse en cada refugio la camiseta de Brasil que le regalaron como recuerdo del tiempo que pasó trabajando con CAF en el país sudamericano.
“La he gozado. La montaña te activa fisicamente, ves que el cuerpo va bien y disfrutas. La altura te pone como una moto. Ahora me pones un repecho de escándalo y lo subo fácil. Sufrí con las rodillas, pero muscularmente acabé bien”, explica. Al contrario de lo que se pudiera pensar, Aburuza fue a más conforme consumió etapas, a pesar de que los tramos por la ruta francesa presentan más desnivel y son más zigzagueantes que los de la vertiente española: “En Francia bajabas de 2.200 a 500 metros en una misma etapa, y luego volvías a subir a 1.800 metros. La GR 11, por contra, es como una ola de mar”.
Ese trazado de dientes de sierra que atraviesa los departamentos galos evidencia que tardara 28 días en enlazar Oiartzun con Banyuls sur mer, localidad francesa que se baña en el Mediterráneo y, sin embargo, recorriera la GR 11 de este a oeste hasta Oiartzun en apenas 20 días.
La diferencia se explica por la dureza del tramo francés, la forma física que fue adquiriendo y el peso que fue perdiendo. Salió de casa con 94 kilos y llegó con 82, una cura de adelgazamiento para un aficionado a la montaña que se plantea retos de este tipo para huir del sedentarismo. “Si me quedo en casa cojo 150 kilos. Soy capaz de estar un mes de la nevera al sofá, y del sofá a la nevera. O reviento la tele, o escapo de casa”, afirma Aburuza, que recomienda el monte para “amueblar la cabeza”.
deficiente señalización Paso a paso, el oiartzuarra se plantó el 19 de agosto en la playa de Banyuls (no se llegó a bañar), y al día siguiente emprendió el camino de regreso por la GR 11, que ya había recorrido de un tirón hace dos años partiendo desde el Cap de Creus y llegando a Hondarribia. Si entonces lo hizo en 25 días, esta vez lo completó en 20 jornadas, a un ritmo tremendo. Donde un montañero hacía una etapa, el realizaba dos, sin perderse, a pesar de que las indicaciones en la vertiente española dejan mucho que desear, sobre todo en algún tramo de Aragón.
Durante su solitario peregrinaje pirenaico Aburuza cargó en la mochila anécdotas a montones, sobre todo en las tardes-noches que pasaba en los lugares en los que se alojaba. “Me gusta andar solo, pero cuando llegaba a los refugios lo pasaba bien”, recuerda. Tanto que en una de sus paradas entabló conversación con tres montañeros de Toulouse y, para su sorpresa, acabaron jugando al mus... en euskera. Los tipos acostumbraban a hacerlo así desde que uno de ellos aprendió el “euki” y el “bost gehiago” con un amigo de Baiona.
Como de una expedición surge otra, Aitor Aburuza ya le está dando vueltas a la posibilidad de enfrascarse en otra larga caminata. Descartado el Camino de Santiago, que hizo hace años en 19 días y del que no guarda un buen recuerdo (“demasiado asfalto”), de momento aprovecha su buen estado de forma para pegarse buenas pechadas cerca de casa. La última, ir desde Oiartzun al santuario de Arantzazu de un tirón: 85 kilómetros en 19 horas.

viernes, 17 de octubre de 2014

Mangar el mando de la tele

En los últimos meses me ha sucedido dos veces. Llegas al hotel, la recepcionista te hace el registro previa petición del DNI (lo que toda la vida se ha llamado check in) y, cuando ya te ha entregado la llave de la habitación, te da un mando a distancia de televisión y te suelta: “Cuando deje el hotel, por favor, devuélvalo”. Tú le miras a sus ojitos y le contestas: “No se preocupe, soy de fiar”. Trincar mandos a distancia de los hoteles debe ser la última moda. Hemos pasado de llevarnos los albornoces en la maleta a mangar mandos a distancia. Y no solo en los hoteles, deduzco que también en los hospitales. La semana pasada acudí varias veces al hospital del Bidasoa, y observé que los mandos de la televisión están anclados a la pared mediante un cable. Si te llevas el mando, te llevas también el cable, el dispositivo del que cuelga y, si me apuras, hasta la pared y el enfermo. Y no solo sucede en la habitación. En la sala de espera el mando también está amarrado a la pared. Que digo yo que para qué quieres rapiñar mandos a distancia. Si es para coleccionar, llévate bacinillas, que son más prácticas. O ya puestos, te llevas la mismísima cama de la habitación del hospital, que también tiene mando a distancia incorporado y no veas qué juguete: es una montaña rusa.

viernes, 10 de octubre de 2014

Pago de favores

Hace unos días, en una tertulia radiofónica debatían dos invitados sobre si un ministro debe conocer con profundidad la materia para la que ha sido designado. Vamos, si es obligatorio, o al menos necesario, que el ministro o el consejero de turno de Sanidad pertenezcan o procedan del sector, que cuando afronten un problema, sepan aplicar las soluciones porque dominan la asignatura. Con cierta frecuencia, y estos días resulta aún más evidente, comprobamos estupefactos que algunos de los altos cargos que nos gobiernan ni son los más capacitados, ni reúnen los requisitos que ellos sí piden para ocupar un cargo público, ni, por supuesto, disponen de la formación necesaria para la responsabilidad que tienen. En ocasiones, su meritocracia consiste en haber arropado al líder del partido en su carrera hasta el poder. Es un simple pago de favores. Tú me has apoyado y defendido, yo te recompenso con este Ministerio. Luego te encuentras con una Ana Mato, haces un ridículo espantoso y quedas con el culo al aire. Si, además, no eres un dechado de virtudes para comunicar una situación compleja, quedas retratado para la posteridad o eres pasto de las mofas en las redes sociales. Los que no saben ni tienen experiencia pero son listos, al menos se rodean de un buen equipo de asesores que camuflan sus limitaciones. No es el caso.

viernes, 3 de octubre de 2014

Indecentes

modo de los antiguos carruseles de radio, cada día que pasa conocemos un nuevo caso de corrupción. Antes nos cantaban goles, ahora nos cantan fraudes y putrefacciones varias en el mundo de la política, las finanzas y, ya puestos, incluso en el fútbol (el caso del presunto amaño del Zaragoza-Levante huele que apesta). La crisis ha desenmascarado la manera de proceder de gentes que no necesariamente visten de traje y corbata. No todos los que se lo llevaron crudo en los días de vino y rosas vivían en eso que se llama la clase pudiente. Que se lo pregunten a UGT en Andalucía o a CCOO en el escándalo que afecta a Bankia, ex Caja Madrid. El mangoneo de los consejeros es propio de sinvergüenzas. Mientras la caja desahuciaba sin piedad, embargaba pisos tras vender hipotecas basura y estafaba con las preferentes, sus directivos y los consejeros nombrados por los partidos políticos, la patronal y los sindicatos vivían a cuerpo de rey, de tarjetazo en tarjetazo, tirando de Visa Oro. De momento se saben los nombres y las cantidades, pero supongo que pronto se hará público el destino de esos gastos. Ayer se conocieron las primeras dimisiones y los primeros ceses. Cuánto miserable ha campado a sus anchas por ahí malgastando el dinero ajeno. Cuánta podredumbre.