lunes, 30 de abril de 2012

21 días de lluvia

Espero que hoy llueva. Ganas tengo. Más que nada para no estropear la estadística. Desde que se inició este mes de abril que hoy arranca su última hoja del calendario, ha llovido todos los días menos uno. No me hace falta consultar ni webs de meteorología ni hemerotecas. El único día que no llovió (aunque tengo dudas sobre si lo hizo de madrugada) fue el 9 de abril, lunes para más señas. Esa jornada, lunes santo o como la santa madre iglesia lo denomine, lució el sol como pocas veces (o nunca) este mes. Así que, si no me fallan las cuentas, hoy será el vigésimo primer día consecutivo con el líquido elemento cayendo del cielo. No resulta raro que en estas fechas llueva con tanta insistencia ("En abril, lluvias mil", reza el refrán). Lo que ya empieza a molestar es tanta agua inmisericorde. Será la edad, pero cada vez soporto peor el mal tiempo y cada vez comprendo mejor a los jubilados que en octubre hacen las maletas y se piran al Mediterráneo a tumbarse a la bartola y beber Insalus. Esta humedad no es buena para la salud, amigos. Tenemos un país de ensueño, envidia para quienes siempre quieren tener a mano el monte y la playa, pero este clima se hace insufrible. Veintitantos días consecutivos de lluvia no hay dios que aguante. Esto es como para que venga Mario Picazo y se marque un capítulo entero de Climas extremos, ese interesante programa que duró en la parrilla de TVE menos que un rayo de sol en la barandilla de La Concha. Pues eso, que dicen que el miércoles viene bueno.

Nota: el artículo está escrito antes de saber que no son 21 sino 27 los días de lluvia que llevamos, al menos según el Centro Meteorológico de Igeldo. Si hoy llueve, se batirá una marca que data de 1930 

viernes, 27 de abril de 2012

Practicar con el coche

22 días de trabajo en beneficio de la comunidad. Semejante castigo les ha caído a padre e hijo, vitorianos ambos, por realizar prácticas con el coche sin que el chaval dispusiera del oportuno y obligatorio permiso de conducir. La Policía de la capital alavesa les pilló in fraganti -acelerón por aquí, frenazo por allá- en un polígono industrial desierto de tráfico, y el asunto ha acabado con una condena en los tribunales. El fallo del juez, amén del trabajo gratis et amore que deberán aportar a eso que la sentencia llama "comunidad", incluye el pago de las costas procesales y el hecho de que ambos contarán desde ahora con antecedentes penales. Que levante la mano quien no haya probado sus dotes al volante antes de ingresar en la autoescuela. Todo hijo de vecino lo ha hecho, lo hace y lo hará, aunque quizás pocos sepan que, desde la reforma del Código Penal de 2008, este extendido bautismo automovilístico está considerado como un delito. Hay quien pide a su padre, su madre o su hermana mayor que le guíe en el arte de conducir por aquello de ahorrarse luego unas pelillas en las clases, y quien lo hace para familiarizarse con el embrague, el freno y el volante. Que de todo hay. Como aquel amigo que con 16 años ya cogía el coche de su madre y se recorría medio pueblo mientras hacía las compras, o aquel otro que con diez años ya conducía el tractor de su padre en el caserío. El resto, la mayoría de los mortales, temblábamos el día del examen y nunca supimos por qué en la autoescuela nunca nos enseñaron a poner las cadenas del coche.

viernes, 20 de abril de 2012

Barrenderos

En una decisión sin precedentes, el Ayuntamiento de Donostia ha decidido que no va a limpiar los excrementos de perros que adornan sus calles. La brigada de limpieza dispone de dos motocicletas acondicionadas para recoger las heces que los chuchos depositan con el beneplácito de sus dueños, pero a partir de ahora solo saldrá a la vía pública una de las máquinas. Muy benévolo le veo a Juan Karlos Izagirre. Yo hubiera eliminado las dos motocicletas. La mierda (con perdón) de los perros que la recojan quienes los llevan atados a la correa. Es más, yo suprimiría la brigada de limpieza al completo. Y no son ganas de que nadie se quede sin trabajo. El oficio de barrendero no debería existir si todos cuidásemos las calles como cuidamos nuestras casas. La realidad, sin embargo, dice lo contrario. Estamos rodeados de porquería, de lo que toda la vida hemos llamado basura y ahora denominamos residuos sólidos. Desde el vecino que apaga la colilla en el portal, pasando por el chófer que echa la basura a las cunetas y llegando a lo más inverosímil: esos frigoríficos y lavadoras que te encuentras cuando paseas por el monte. Coño, si es más difícil echar los electrodomésticos en el monte que llevarlos al garbigune. Hace unos días, un grupo de amigos, por iniciativa propia, limpió una parte de la cara norte de Larun. Recogieron 55 kilos de basura, la mayoría cristales de vasos y botellas que no habían caído precisamente del cielo. Suelen ser arrojados a las rocas por los turistas que suben al monte y que se piensan que aquello es la Fontana de Trevi.

viernes, 13 de abril de 2012

Euskaltel-Euskadi

Los ciclistas vascos que no pertenecen a la plantilla de Euskaltel-Euskadi se quejan a veces con razón de que los medios de comunicación no les prestamos la atención que se merecen. Consideran que el equipo naranja se lleva los titulares y ellos se quedan con las migajas, salvo que medie una actuación estelar en una carrera con pedigrí. Seguramente sus argumentos están más que justificados. El reconocimiento a los corredores que se ganan las alubias en otras escuadras no debería estar reñido con la pasión que despierta Euskaltel. Pero no creo que exagere si digo que el conjunto naranja ha logrado un grado de identificación y fidelidad con la afición vasca solo comparable a la que consiguen la Real, el Athletic, Osasuna o el Baskonia, por poner los cuatro ejemplos más significativos. El seguidor del ciclismo considera a Euskaltel como un equipo suyo, un club que compite en la Champions de las bicis de igual a igual. Solo hace falta acercarse a su autobús antes del inicio de una prueba para comprobar hasta qué punto su impronta ha calado. Por eso resulta descorazonador que el futuro de la escuadra más veterana del pelotón (19 años) penda de un hilo o, mejor dicho, del dinero que aporte un patrocinador que cuadre un presupuesto que desde hace seis años se mantiene inalterable en los 6,8 millones de euros. A ese problema de la falta de un patrocinador se une el desmedido afán por el dinero de la UCI que, lejos del romanticismo que destila Euskaltel, solo está preocupada por hacer caja, ya sea con carreras en Catar o Kuala Lumpur, o con corredores exóticos. Larga vida a Euskaltel.

jueves, 5 de abril de 2012

Ibardin

Durante años conservé como si fuera un tesoro un botellín blanco que Pello Ruiz Cabestany tiró a la cuneta durante una carrera en el Orbea de aficionados. Creo que fue en una etapa de la Vuelta a Navarra (podría ser también la Vuelta al Bidasoa) que acababa en Lesaka y en la que el bueno de Pello iba escapado con un ciclista ruso. El caso es que aquel botellín, medio machacado por el atropello que sufrió después por un coche, era para mí una joya, no tanto por su valor sino porque era de Cabestany. El ciclismo era entonces, y sigue siendo ahora, pese al descrédito que sufre en eso que se llama la opinión pública, un espectáculo fabuloso que alcanzaba su punto cumbre con la llegada de la Vuelta al País Vasco a Ibardin, y la salida al día siguiente desde Bera. Frente al divismo de otros deportes, en el ciclismo todavía hoy el aficionado de a pie puede conversar con un corredor o, simplemente, como hacíamos hace 25 años, pedir un autógrafo a un interlocutor que no se esconde detrás de unos auriculares (y no miro a nadie). Los pomposamente llamados village départ (el punto de salida de toda la vida) han enfriado ese contacto directo con los corredores, pero el ciclismo y toda la parafernalia que le rodea tiene un gancho que sigue atrapando. A nosotros nos bastaba una libreta y un boli para pedir las firmas a todo quisque, ya fuera Contini o el más desconocido de los ciclistas belgas. Cuando se daba la salida y el pelotón enfilaba camino de Irun o de Pamplona, nos quedaba esa sensación de tristeza que te embarga cuando eres joven, has ligado y se acaban las fiestas de tu pueblo. Pero disfrutábamos como niños que éramos.