viernes, 8 de febrero de 2013

Bundesrat

Flipado me tiene la última polémica con la que se están entreteniendo los paisanos alemanes. El Bundesrat (no confundir con el Bundestag) acaba de aprobar la prohibición del uso de animales para actividades sexuales, ergo, la zoofilia. Desde aquella leyenda urbana de Ricky Martin, el armario, el perro y la mermelada, no asistía desde la distancia y con asombro a cosa igual. Leo en El Mundo que se calcula que unos dos millones de germanos practican este menester (una cifra que se me antoja excesivamente inflada) y que incluso están agrupados en el colectivo Compromiso Zoófilo para la Tolerancia y la Claridad (ZETA). Un tal Michael Kiok se ha convertido en el abanderado de la protesta. Enamorado como está de su perra Cissy, que, cómo no, es un pastor alemán, no entiende que el Gobierno de su país legisle y prevea multas de hasta 25.000 euros sobre una materia que era legal desde 1969 hasta anteayer. Michael, que también lo ha probado con yeguas, argumenta que "los animales son mucho más fáciles de entender que las mujeres" y que nadie como ellos aman tanto a perros y demás especies. Al margen de que en Alemania se trate con cierta normalidad lo que en cualquier otro país sería un asunto tabú, lo que más me llama la atención es que quienes practican la zoofilia sean visibles: un grupo de ciudadanos (no se especifica cuántos) se concentró hace unos días en Berlín en protesta por la prohibición. No me imagino un acto similar en el Boulevard, por ejemplo. Estaría bien saber qué opinan los perros de todo esto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario