sábado, 30 de septiembre de 2017

El autógrafo de Chanquete

No recuerdo el año. Sí recuerdo la escena. Mi padre y yo volvíamos de ver a la Real en Atocha en aquellos tiempos en los que los partidos de fútbol eran los domingos a las cuatro, y para saber los resultados en otros campos te llevabas el recorte del periódico y los descifrabas en un marcador en el que cada anunciante patrocinaba un partido. Habíamos quedado con el resto de la familia en el centro de la ciudad, enfrascada en el Zinemaldia. Nos asomamos a la entrada del María Cristina y vimos al fondo a Chanquete, una celebridad entonces. Nos llevamos como trofeo un autógrafo. Recordé la anécdota hace unos días tras comprobar que todavía existen los cazautógrafos que esperan pacientemente a las puertas del hotel para lograr la firma del famoso de turno. Nunca he sido mitómano y a lo sumo guardo una foto que hace pocos años nos hicimos un grupo de amigos con Indurain, que estaba ya retirado del ciclismo profesional. A los ciclistas precisamente pedíamos autógrafos cada vez que la Vuelta al País Vasco salía a dos pasos de nuestro colegio. Pero aquellos autógrafos, el de Chanquete y algunos más debieron perderse en alguna mudanza. Hoy supongo que los autógrafos del siglo XXI son los selfies, que dan para pavonearte un rato.

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