El blog de Moli
Juanma Molinero. Bera. Periodista de NOTICIAS DE GIPUZKOA
viernes, 28 de marzo de 2025
"¿Cómo le criamos a ella?"
sábado, 22 de marzo de 2025
Skimo
viernes, 14 de marzo de 2025
Enfurruñado Elorza
viernes, 7 de marzo de 2025
Aprender a aburrirnos
viernes, 28 de febrero de 2025
Pechuga de pavo
Hace solo 17 años, en 2008, a estas alturas del año el calendario de la temporada de la Real pasaba por jugar contra el Elche, Xerez, Albacete, Numancia, Sporting, Racing de Ferrol y Hércules. El pasado miércoles jugó contra el Real Madrid, el domingo se enfrenta al Barça, el próximo jueves recibe en Anoeta al Manchester United, seguirá contra el Sevilla, de nuevo se medirá al Manchester United, y tira porque me toca. La Real está en semifinales de Copa, en octavos de la Europa League y puede clasificarse por ¡sexto año! consecutivo para disputar la próxima campaña una competición continental. El club está saneado económicamente; presume de unas instalaciones y una cantera envidiables; tiene un estadio remodelado que es como si fuera nuevo; una larga lista de espera de aficionados que quieren hacerse con un carnet de socio porque las gradas no dan para más; un entrenador que ha alcanzado cotas que nunca hubiéramos imaginado, y jugadores que ficharía cualquier club de postín pero que han apostado por jugar en el equipo en el que han crecido. Y más, y más y más. Venimos de comer todos los días pechuga de pavo y ahora disfrutamos un día de chuletón, y al siguiente de rodaballo. No sé si me explico.
viernes, 21 de febrero de 2025
Al Everest con gas xenón
viernes, 14 de febrero de 2025
A ojímetro
La última vez que el fontanero vino a casa, sacó un aparato de la caja de herramientas, lo puso en el suelo, se encendieron unas lucecitas y el artilugio midió los metros cuadrados que tenía el baño. Maravilloso. Mi padre no sé si fue mucho a la escuela, pero tenía una enorme facilidad para las multiplicaciones, divisiones, sumas y restas. Las resolvía en un ti ta. Cuando entraba en una habitación porque había que preparar un presupuesto para pintar, echaba un vistazo y, a ojímetro, calculaba los metros cuadrados que tenía la estancia. Por si acaso, yo, que le acompañaba con una libreta como si fuera un pinche, apuntaba luego las medidas que tomábamos metro en mano. Una vez apuntados los metros cuadrados, calculaba cuántos litros de pintura harían falta. 30 litros eran una tina, en un argot que no sabría descifrar. Como no existía el teléfono móvil, los trabajos se los encargaban llamando al teléfono de casa de las 13.00 a las 14.00 horas, cuando se paraba para comer, y a partir de las 18.00, cuando se acababa la faena diaria. Luego estaba el carpintero, para quien la hora de la comida era sagrada (la siestita de diez minutos también) y no cogía el teléfono aunque sonara cien veces. De hecho, lo dejaba descolgado. Hoy, como todo lo queremos a la voz de ya, vemos a pintores, carpinteros, electricistas, albañiles y demás gremios colgados del pinganillo, atendiendo llamadas en plena faena intentando llegar a todo con el agua al cuello. Otros tiempos, otras prisas.